Enhancing People- -Destrezas personales para el siglo XXI
 
 
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El cambio y las transformaciones son consustanciales a la naturaleza y a la vida. Sin embargo, desde hace algunas décadas la velocidad, profundidad y extensión que vienen caracterizando a estos procesos han hecho que lleguen a ser tremendamente vertiginosos. Las transformaciones políticas, económicas, sociales y culturales invaden todos los ámbitos del quehacer humano: personal, familiar, profesional y de negocios. El mundo actual se torna cada vez más turbulento, impredecible y agitado. Las olas de cambio son cada vez más grandes y seguidas. Pero eso no es todo. A la velocidad y extensión de los cambios se agrega un hecho más relevante aún: la mayoría de los cambios que nos afectan escapa a nuestro control. No somos los generadores ni los conductores de los cambios. Querámoslo o no las transformaciones se nos vienen encima, generando en nosotros enormes presiones, gran incertidumbre, fuertes conflictos y profundos sentimientos de indefensión.
 

Esta nueva realidad nos somete a altos niveles de exigencia, de incertidumbre y de adversidad y no contamos con las habilidades para "flotar" y "navegar" con éxito en estas nuevas aguas.

El extendido uso de tranquilizantes, de drogas, de alcohol, y de las más ingeniosas alternativas para reducir la tensión y el stress, demuestra que somos bastante poco diestros para enfrentarnos no sólo con la adversidad, sino incluso con las situaciones más comunes y habituales que caracterizan a este nuevo entorno.

Desde el punto de vista filogenético la adaptación  es el mecanismo clave, no sólo para sobrevivir  sino que para tener éxito. El cambio y la transformación del entorno siempre han exigido a los individuos esfuerzos de adaptación, obligándolos a desarrollar mecanismos más adecuados para desenvolverse frente a las nuevas exigencias.

A nivel supraindividual, el estudio de las organizaciones concluye en resultados similares, al poner de relieve que la capacidad de una empresa para adaptarse a los cambios del entorno es el elemento estratégico más relevante para su permanencia en el mercado. 

Sin embargo, como personas individuales no hemos tomado conciencia de la necesidad de desarrollar estrategias, habilidades y destrezas acordes con las exigencias de la nueva realidad. Hemos venido enfrentándola con la estrategia más primitiva y básica: el aprendizaje por ensayo y error.

Las consecuencias están a la vista. Las estadísticas de salud, aquí y en todas partes, muestran el dramático crecimiento de la depresión, con una prevalencia diez veces mayor que la que tenía hace cincuenta años.

El proceso de cambio no se va a detener y tampoco  podemos parar el mundo para bajarnos. La única estrategia exitosa es usar nuestras capacidades evolutivas más distintivas, la plasticidad de nuestro sistema nervioso y nuestra inteligencia, para aprender y desarrollar destrezas adaptativas que encajen con las nuevas exigencias de nuestro entorno, única forma no sólo de sobrevivir sino que de  avanzar con éxito sin incurrir en los costos emocionales y personales que venimos pagando para salir adelante. 

 En las últimas décadas, las investigaciones en psicología y en psiconeuroinmunología, están generando un trascendente cambio de paradigma en la explicación del comportamiento humano. Las personas no están determinadas por su ambiente, ni por supuestos impulsos inconscientes ni por su bagaje genético.

Las personas, a través de sus capacidades evolutivas más destacadas, las cognitivas, son capaces de modificar su comportamiento, y de aprender y desarrollar destrezas para enfrentar de manera más adecuada los desafíos del mundo contemporáneo.

Los resultados de las investigaciones muestran que para funcionar con éxito ya no son suficientes las capacidades intelectuales ni la formación profesional. Los individuos exitosos son aquellos que han desarrollado destrezas como el optimismo, el manejo del sentido y del significado, la persistencia frente al fracaso, la recuperación frente a la adversidad, la resiliencia, el manejo de diferencias con los demás,  el manejo de las propias expectativas y emociones, y destrezas para enfrentar los procesos de cambio.

Los individuos con tales destrezas alcanzan niveles superiores de éxito en las cosas que emprenden, son más productivos, gozan de mejor salud, se recuperan más rápido de las enfermedades, raramente hacen depresiones, y poseen una mayor esperanza de vida.

Este conjunto de habilidades y destrezas integran lo que hoy se conoce como Inteligencia Emocional la que, a diferencia del cuociente intelectual,  se puede aprender y desarrollar.
Más aún, la Inteligencia  Emocional y su desarrollo es, según las investigaciones, una alternativa imprescindible para sobrevivir y tener éxito en el turbulento e impredecible mundo contemporáneo.

La Inteligencia Emocional no es un tema relativo únicamente a la salud mental de la gente. Tiene que ver también con su salud física. Pero de manera más importante aún, con la eficiencia y la productividad de los grupos y de las organizaciones en que las personas trabajan y participan. Se ha demostrado que la Inteligencia Emocional es la clave del éxito en el mundo empresarial y de negocios.